En el fenómeno de la perversión un elemento clave desde el punto de vista de la víctima, según el psiquiatra chileno Niels Biedermann, es la confusión. Esto sucede porque “se toma algo que es reconocido como una verdad universal y se va usando y torciendo punto a punto en la realidad, para adecuarlo a las necesidades del perverso que lo dirige”.

De acuerdo a las declaraciones de Biedermann en el libro Karadima, el Señor de losInfiernos (Debate, 2011), de la periodista María Olivia Mönckeberg, “los perversos exitosos con frecuencia tienen un tipo de personalidad especial.

Está el narcisista maligno, que es un concepto que viene del psicoanálisis. Tiene rasgos del narcisismo en el sentido de que busca la dominación de los demás, no busca relaciones de afecto mutuo, exige lealtades unilateralmente, busca ser un objeto de admiración y de temor, y se siente libre de usar a los otros a su antojo, sin culpa. Parte del narcisismo maligno es la degradación del otro y, con frecuencia, la homogenización de los otros”.

Esta denominada homogenización de los otros, en opinión del médico chileno, consiste en que “son todos dominados y al final desprovistos de su campo individual. Lo que en general se usa en todas las sectas es la referencia a un valor superior, y la religión es lo más adecuado; puede ser la política también, pero en general es la religión, como un valor reconocido,aceptado y que no es discutible, porque los valores religiosos son revelaciones de índole divina de una vez y para siempre y que deben ser aceptados”.

En ese sentido, “hay una estructura en que la obediencia es parte de las relaciones. Todos nos tenemos que someter a lo divinamente revelado, que es un valor que viene de una fuerza muy superior a nosotros y a la cual le debemos subordinación. El jefe de secta o el perverso es el único que se levanta como intérprete de esa ley, pero la usa no en el sentido de la liberación individual, sino del aplastamiento individual”.

“En general, el temor a la condena es más importante que la búsqueda de la salvación, es decir, el demonio en la secta suele ser más importante que Dios, por el miedo al demonio… La referencia al demonio es la generación del temor, del miedo. Y el miedo es un instrumento de dominación, y desde ahí se van falseando, poco a poco, los valores”.

“Hay dos cosas que busca el narcisista maligno o el perverso, una es la dominación y otra es la manipulación del otro, es decir, el manejo del poder. Como no suelen tener sentimientos de culpa, son libres de manipular a los demás; por lo tanto, también las lealtades son solo unidireccionales; el jefe puede dejar caer, degradar a cualquiera, en cualquier momento, pero la lealtad hacia él tiene que ser absoluta. Y también exige, en nombre de la fuerza divina, el sometimiento y la apertura absoluta del otro”.

En general, anota Biedermann que para lograr esto el perverso o depredador o narcisista o psicópata utiliza la “dirección espiritual” como un instrumento eficaz para lograr el dominio del otro.

Otro mecanismo recurrente es el de “evitar las vinculaciones personales entre los otros”. Esto explicaría por qué muchos líderes sectarios trazan planes para generar tensiones familiares entre sus miembros, en los primeros momentos de la captación, así como en sus antiguas relaciones amicales.

“Los otros tienen que tener una pobre capacidad de relación mutua y de intercambiar reflexiones; todos tienen que estar dirigidos hacia el líder. Entonces no solo se destruyen los lazos familiares, sino que también se rompen las posibilidades reales de compañerismo entre ellos”. Para ello introduce el factor del maltrato mutuo, destruyendo o fisurando las relaciones entre pares y erigiendo un fuerte lazo de lealtad hacia el jefe o superior. De esta manera, el jefe o superior o formador o director espiritual determina lo que es bueno o malo. Adicionalmente, no cesará de afirmar que el demonio está en todas partes, que la sexualidad es mala y es inducida por el demonio (alentando así una rigurosa represión), y que el demonio está presente siempre. Así, el sentimiento que inculca el psicópata para mantener la dependencia hacia él es el temor.

El miedo es el sentimiento preponderante, anota Biedelmann. “El miedo a hacer las cosas mal, el miedo a haberse salido del camino recto, la desconfianza del propio criterio, de decidir sobre lo que es bueno o malo; el reemplazo por un criterio ajeno, la sustitución de las relaciones interpersonales por dogmas (…) El único que sabe siempre lo que es bueno o malo es el líder”.

De esta forma, señala el psiquiatra: “Cuando aparecen los elementos de perversión sexual, cuando se tuercen las cosas, en el momento en que soy objeto de toqueteos, de que no puedo hablar de eso, de que entro en el hechizo, de que compartimos algo más que un pecadillo –el cual no se puede mencionar en público-, agrego un elemento más de confusión”.

Y esa confusión, explica Biedermann, paradójicamente aumenta la dependencia de la víctima hacia su victimario. La confusión pone en un dilema a la víctima: o asume que lo que le dice en el fondo su aplastada y marginada conciencia es lo correcto (lo que significaría en los hechos enfrentarse a su superior y victimario y, de paso, romper con la estructura de pensamientos que le han insertado a sangre y fuego y como chips en la cabeza), o acepta la confusión y se deja caer al vacío (lo que significaría en los hechos abandonarse aun más al líder y depender más de él, desestimando su propia capacidad de decidir, que ya había sido sumamente mermada antes de llegar a ese momento).

“Entonces la confusión –apostilla el médico-, que es una alerta de que algo está pasando, se transforma en un nuevo sometimiento, donde yo sigo descalificando cada vez más mis percepciones, porque al final le tengo miedo al Infierno”. Y el infierno, como lo explica el especialista, es perder toda la estructura mental armada por el líder sectario. Perder todas las certezas y aceptar que todo lo vivido fue una mentira.

“Las personas más proclives a entrar a una secta son aquellas que de alguna manera necesitan una estructura externa más fuerte, o sea, ya tienen dudas, tienen una inseguridad a un nivel más profundo. Muchas veces no proyectan los miedos, pero existen, y algunos tienen una necesidad de pertenencia fuerte y, además, la conciencia del líder arma algo que atrae. Y desde la atracción el perverso puede empezar paso a paso a revertir los valores”.

Bueno. Así es como actuaron claramente los psicópatas y depredadores sexuales Marcial Maciel, Fernando Karadima y Luis Fernando Figari.


(*) El autor del texto, junto a otros cuatro exsodálites, está denunciando penalmente a Luis Fernando Figari y a siete personas más por los delitos de asociación ilícita, secuestro y lesiones graves.