Esta es la pregunta ocasional que me hace Paola Ugaz, de tanto en tanto, hace poco más de seis meses. Y es que, desde entonces, cada fecha de término que le digo nunca se cumple. Pero creo que ya va siendo hora de despedirse del tópico. Al del Sodalitium, me refiero.

Han sido, en total, cinco años y medio dedicados a investigar a una organización corroída desde sus orígenes, pues fue diseñada por un psicópata. Por un psicópata al que Sigmund Freud le hubiese encantado tener como paciente, y cuyo nombre era desconocido para la opinión pública peruana hasta hace medio año: Luis Fernando Figari.

El costo ha sido alto. En todos los ámbitos, déjenme añadir. Pero mirando las cosas en retrospectiva, no me arrepiento de haberme embarcado en esta historia. Y a la vez me ratifico en la acertadísima decisión de haberle pedido ayuda a mi entrañable amiga y audaz periodista, Paola Ugaz. Sin Pao, estoy seguro, habría naufragado en el camino. Ella ha sido el motor fuera de borda de esta investigación que se plasmó en Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015) y que tuvo una inesperada continuación en las páginas de este diario mediante investigaciones semanales tituladas Los abusos del Sodalicio, así como a través de la divulgación de más testimonios y nuevas revelaciones en el portal de LaMula.

En esta aventura han participado tantas personas, y de tan disímiles formas, que si me pusiera a enumerarlas podría llenar un cuaderno de notas, y no exagero. A todas ellas, gracias totales.

Pero bueno. Creo que ya llegó el momento de apearse del tema. Quiero pensar que algo hemos aportado a la sociedad con este esfuerzo, que, por cierto, ha sido extenuante y desgastante. Y muy fuerte y muy duro, emocionalmente hablando. Hacer de esponja para escuchar cada uno de los conmovedores testimonios de las víctimas del Sodalicio supone poseer un empaque especial, que, definitivamente, no tengo.

Parte de la verdad ha sido expuesta, y ahora corresponde al Sodalitium ayudar a las víctimas. Es lo que le toca, aunque, para ser sinceros, todo puede esperarse de una institución acostumbrada a marear la perdiz, a dar gato por liebre, y a disparar artificios y “sodavideos” a discreción. Digo.

 Lo importante es que se abrió la caja de Pandora. Y el horror, soterrado y encubierto durante años, salió a la luz. En consecuencia, lo único que esperamos, como nos comentó Mario Vargas Llosa en un generoso correo luego de leer Mitadmonjes, mitad soldados, es que esta investigación, en la que hemos intentado ser sumamente rigurosos, “abra los ojos de mucha gente”. O como nos escribió el documentalista Fernando Vílchez, autor de La Espera, esta pesquisa de cinco años y medio “más que una historia, fue una obsesión. Una obsesión por liberarse, y una necesidad de que los culpables sean señalados”.

 Por lo pronto, un puñado de exsodálites que no está dispuesto a esperar a que llegue la justicia divina a impartir sanciones, pues sabemos que esta suele demorar un poco, y a veces no llega nunca, acaba de presentar una denuncia ampliatoria ante la 26ª fiscalía provincial de Lima, la misma que, el mismo día del lanzamiento de Mitad monjes, mitad soldados, el 22 de octubre del 2015, es decir, inició una investigación de oficio contra esta sociedad católica.

 En este puñado de exsodálites, por cierto, se encuentra el arriba firmante, acompañado de Martín y Vicente López de Romaña, Óscar Osterling y José Enrique Escardó. Y contamos con el patrocinio legal del Estudio Benites, Forno & Ugaz. Nos anima el deseo de sentar un precedente legal en el país que permita, en un futuro, evitar la proliferación de este tipo de movimientos sectarios y neutralizar la aparición de otros sátrapas al estilo Figari, que creen que pueden actuar bajo el manto de la impunidad, perpetrando crímenes de lesa humanidad, utilizando el ropaje de la religión.

 Así las cosas, y para cerrar esta breve reflexión, tampoco olvidemos el encomiable trabajo de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, que confirmó todo lo que denunciamos y que, paradójicamente, fue convocada por el propio Sodalitium, la misma que ahora, por arte de birlibirloque, el Sodalitium parece haber “olvidado” o pretende desconocer. Ahí se señala claramente que la “cultura interna” del Sodalicio de Vida Cristiana se cimentó en “abusos que atentan contra los derechos fundamentales de las personas, universalmente reconocidos y consagrados en la Constitución Política del Perú”.

Tomado de La República, 15/5/2016